lunes, 31 de octubre de 2011

Capítulo 5.

Cuida a tu chica.

- ¡¿Donde estabas?!.-Dije desesperado mientras que me acercaba a ella.
Estaba asustada, se lo notaba.
Gran ironía...¿no creéis? Yo, Jason McCann, el criminal más temido de todo Londres, estaba aquí, preocupado por alguien que no soy yo.
- E-en el insti-tuto.-Tartamudeó.
¡Mierda! ¡Es que soy gilipollas! Claro...hace más de...cinco años que dejé de ir al instituto. ¿Cómo me iba a acordar de que existe esa carcel mañanera? Aunque bueno, ahora que lo pienso, ella es una chica responsable, es normal que siga llendo.
- Joder...-musité y la abracé.
No sé por qué lo hice, pero lo necesitaba. Necesitaba sentirla entre mis brazos, protegida. Jamás pensaba que sentiria estas sensaciones.
- Pero, ¿qué pasa?.-Preguntó aparentemente preocupada al separarse.
- Es que...-Me rasqué la nuca.
Sí, me daba cosilla decirla que estube más de tres horas preocupado porque ella no apareciera en casa.
- Bueno...-Mascullé.- ...Tenía miendo de que te hubiera pasado algo.-Solté de golpe, rápidamente.
Me miró extrañada. Normal, no me conoce mucho, pero seguro que sabe que no es habitual que yo me preocupe tanto por una persona que acabo de conocer. Bueno...,ni yo ni nadie. Y menos, yo.
- Ah...-Dije desconcertada.- Pero...
- ¡Dios!.-Interrumpí.- ¿Y esas ojeras?.-Interrogué cómo si de su padre me tratase.
Acerqué mi fuerte mano lentamente hasta la parte inferior de sus ojos, tocando aquel signo de que hoy no había dormido o nada, o casi nada.
- Ah, eso...Pues bueno, es que tenía examen de matemáticas, y no podía suspender...
- Pero...¡espera! ¡¿no has dormido en toda la noche por un puto examen de matemáticas?!.-Dije alterado. Estaba alterado.
Sí, sé que seguramente ella esto de los estudios y las notas se lo tomara muy a pecho y le importara bastante. Pero cómo supondréis, a mí, no.
- Sí, ¿por?
Le parecía que eres de los más normal hacer eso. Bueno...,para ella sí, pero para mí, no.
- Es que...-Pensé en lo que iba a decir, y me callé.- Nada, déjalo.-Suspiré.- Mejor te vas ahora a dormir, ¿no crees?
- ¿Ahora? Que va, no puedo. Tengo que estudiar y hacer los deberes.-Dijo seria, pero a la vez se veía que no lo quería hacer. Normal.
Mordí mi labio inferior, impotente. ¿Qué podía hacer? ¿Obligarla a dejar de estudiar? No, no puedo hacer eso.
- Y tú...¿qué vas a hacer?.-Me miró fijamente a los ojos.
Ahora lo recuerdo. Estamos en su casa. ¿Qué puedo hacer?
- Tengo que solucionar unos asuntos y luego iré a mi apartamento...-Intenté sonreir.
- Ah...-Parecía decepcionada.
Sonreí al pensar que estaba triste porque yo me fuera.
Entonces, recordé una cosa que m estremeció.
~ Flashback.
Mi cabeza chocó con la pared de aquel mugriento y sucio callejón. Los dos hombres vestidos de negro, se separaron dejando que entre ellos pasara un señor más mayor, algo regordete y de un color bastante pálido. Tenía un puro en la boca y vestía un traje blanco. Una sola palabra les podía describir; mafia. Y eso sí que me asustaba.
- ¿Sabes por qué estamos aquí?.-Preguntó con una voz grave ese señor.
Negué con la cabeza.
- Ah, ¿no?.-Se levantó un poco el sombrero que llevaba y pude observar cómo elevaba un ceja irónico.- Emm...haber...¿recuerdas a un tal Michel con el que te peleaste?
Entonces, lo recordé. Tragué saliba.
- Me parece que sí. Y es mi hijo... ¿Pues sabes qué? Ten cuidado si alguna vez te acercas a alguna mujer, porque lo más seguro es que no vuelva a ver la luz del día.
~ Fin del flashback.
Tengo miedo, ¡¿y si la hacen algo?! No, no y no. No lo permitiré.
- Oye Nicol, si tienes cualquier problema, o oyes algun ruido por pequeño que sea, llama aquí, ¿vale?
Apunté en un papel mi número de teléfono.
- Ajá.-Dijo algo confundida.
- Pero por favor, llama aunque solo sea una tontería, ¿está claro?.-La abracé tiernamente.
- Sí, claro.-Sonrió.
Pasé mis brazos por su cintura y me acerqué a ella lentamente y rocé nuestras narices. Y sin poder evitarlo, la besé. Con dulzura, y muy despacio. Sin ninguna prisa.
Al final, nos separamos.
- Es raro...,pero no me quiero ir.-Reí y, seguramente por primera vez en la vida, me sonrojé.
- Pues no te vayas...-Apoyó su cabeza en mi pecho.
Oh Dios, ¿me está diciendo que no quiere que me vaya?
La verdad es que no me tenía por qué ir, y menos quería hacerlo. Pero podía incomodarla o que vinieran sus padres y la vieran un criminal.
- No te quiero incomodar...-Mascullé y la aferré más a mí. Estabamos abrazados.
Claro que no quiería irme, ¡ni nada parecido!
Nunca me había importado la opinión de la otra persona en estas situaciones...¿por qué ahora sí?
- Por favor...-Me abrazó más.
¿Por favor? ¿Me estaba perdiendo por favor? ¡Se lo tendría que pedir yo a ella!
En un acto reflejo, pude ver cómo una lágrima recorría su mejilla.
¿Estaba llorando? ¿Por qué? Me separé un poco de ella y con mi dedo pulgar retiré la lágrima.
- ¿Por qué lloras?.-Mi rostro se tornó preocupado.
- Po-por nada.-Se quitó algunas lágrimas más.- Una tontería.-Intentó sonreir, pero solo consiguió innudar su cara con una mueca extraña.
- Dímelo, por favor.-Dije sonriendo, intentando que confiara en mí.
- Solo es que...bueno...,mañana es mi cumpleaños...-Otra lágima salió de su ojo izquierdo. Y a la vez, mi corazón se volvió a encojer.
- ¿Y eso es malo?.-Estaba confuso.
- Es que, bueno...lo voy a pasar sola...-Dijo triste.
- No, sola no.-La sonreí.- Yo voy a estar aquí.-La abracé.
Y justo cuando iba a contestar, un sonido la interrumpió. Mi móvil.
- ¿Si?
- Cuida a tu chica. Si no, puede que no vuelva a ver la luz del día.
Mi corazón se paró. ¡¿Cómo coño sabían algo de Nicol?!
- Si quieres que no la pase nada, tedrás que hacer un trabajillo para mí.

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