lunes, 31 de octubre de 2011

Capítulo 2.

No te voy a hacer nada malo.

¿Qué? Me giré, y lo ví. Ahí estaba él, con una pistola en la mano apuntando a la pobre señora que creería que hoy iba a ser un simple y normal día de trabajo de cajera en esta pequeña tienda humilde, pero no. Él. El chico que no salía de mi cabeza por más que quisiera, aunque no lo conocía, estaba apuntandola con un arma. Le observé atónita, anonadada, perpleja, extrañada..., no tenía precisamente una sola sensación imbadiendome. Entonces me miró a los ojos. Parecía cómo si me hubiese estado buscando semanas y por fín, me hubiera encontrado. Su mirada era extraña, así que decidí apartar la vista de él, y centrarme únicamente en sus movimientos sin mirarle a la cara.
- ¿Qu-ue quiere?.-Dijo la señora mayor que atendía a la caja. Por su tono, estaba asustada. Hombre, era de esperar. Estaba a un paso de que la mataran ni fallaba en algo. Se notaba que era inexperta en esto de ser atracada.
- Quiero que todo el mundo se tape la boca y los ojos con esos trapos.-Dijo señalando unos trozos de tela rojos y negros que estaban a un lado de la tienda.
Sin pensarlo dos veces, todos los presentes cojimos dos y nos los pusimos en los sitios que el nos había obligado.
- Ahora, sentaros en el suelo.-Dijo con una voz, que más bien me sonó muy tierna, pero cercana. Cosa que me asustó un poco, pero preferí no hacer ninguna tontería y sentarme en el suelo sin más, obedeciendo sus ordenes al pie de la letra.
Estuvo unos segundos callado y sin pronunciar palabra alguna, hasta que noté una repiración pesada cerca de mi oído, me estremecí.
- ¿Donde vives preciosa?.-Dijo mientras que rozaba sus labios con mi mejilla. No sé por qué, pero no me desagradó que lo hiciera.
Hice un pequeño sonido, ya que tenía la tela en la boca y no podía articular una palabra que alguien pudiera entender.
- Vale.-Soltó una pequeña risa a un centímetro de mi oído.-Te subo la venda de la boca para que me lo digas. Pero no puedes gritar, ¿si?.-Yo me limité a asentir y él me subió un poquito la tela para que pudiera hablar.
- En Abbey Road, el nº14.-No sé ni por qué se lo dije. Es peligroso que un criminal sepa donde vivas, pero...no sé. Me dió la sensación de que lo más indicado era decirselo.
Él no dijo nada. Me volvió a poner la venda en su sitio y, Dios sabe por qué, me cargó en su hombro y salió de la tienda conmigo encima. ¿Qué coño estaba pasando? Osea, el tío que ni si quiera conozco pero no paro de pensar en él aparece derrepente en mi vida, hace que atraca una tienda en la que estoy y en vez de pedir dinero o algo así, hace que nos tapemos la boca y los ojos, me pregunta donde vivo y me lleva a no sé donde cargada en su hombro. ¿Tiene sentido? Pues no.
Por suerte..., o más bien, por mala suerte, nadie vé que me está llevando contra mi voluntad. ¿Por qué? Os preguntaréis. Pues muy sencillo, aquí, en Londres, hay muchas callejuelas que van a dar a cualquier parte de la ciudad y en las que nunca hay nadie. Casi seguro que él las conoce, y ahora mismo, estamos llendo por ahí.
Tras cinco minutos de impotencia total, noto cómo me baja y mis pies tocan es suelo.
- ¿Donde tienes las llaves?.-Pregunta tierno.
Las saco de mi bolsillo delantero y se las ofrezco. Recordad que ni mis manos, ni mis pies, estaban atados.
Oigo cómo abre la puerta de mi enorme casa y noto cómo me vuelve a coger. Entra y cierra la puerta. Sube unas escaleras, que sin que él lo sepa, dan casi directamente a mi habitación. Tiene suerte de que mis padres no estén en casa...
- Nicol, supongo. ¿Cierto?.-Despierta mis pensamientos con esa pregunta absurda. Claro, ¿quién iba a ser si no? Seguro que lo a visto en el cartel que tengo en la puerta de mi cuarto. Asiento.- Bonito nombre.-Y no sé por qué, pero inconscientemente esbozo una pequeña sonrisa.
Abre la puerta seguramente de mi habitación y pasa cómo si de su propia casa tratase. Me deja en la cama y me recuesta en ella. Hago unos sonidos extraños para que se dé cuenta de que me molesta la venda y noto que se pone ancima mía con sus piernas a mis costados.
- Sh...-Susurra y acerca su boca a la mía tanto que puedo aspirar su aliento. Tenía algo de miedo, y estaba temblando un poquito bastante.- Tranquila...-susurró- No te voy a hacer nada malo.-Besó lentamente una parte de mi mejilla y me fué quitando poco a poco la venda de la de los labios.
Y entonces, literalmente, me comió la boca. Le iba a corresponder, pero entonces me dí cuenta de que no. No podía dejar que esto pasase. Sería para siempre, y tengo miedo de que fuera un grave error. Y en ese instante, con una fuerza que no sé ni de dónde saqué, le tiro de la cama. Rápidamente me quito el trozo de tela que cubría mis ojos y miro hacia mi lado. Hay está él, recomponiendose de una fuerte caída al suelo de mi habitación.
- ¿Por qué has hecho esto?.-Dije enonadada. Todavía no me podía creer lo que había pasado en esta última media hora.
- ¿Tengo que tener alguna razón?.-Elevó una ceja divertido y sonrió. Pero en cambio, yo estaba enfadada. Total y absolutamente enfadada.
- No ma hace gracia.-Respondí fría. Tajante. Rápidamente esa sonrisa se le esfumó de la cara.- ¿Te va...?.-Pero antes de que le pudiera hechar de mi casa, un sonido y unas palabras me interrumpieron.
Sonó un disparo.
- ¡JASON MCCANN!.-Gritaron desde afuera de mi casa. A él se le descompuso la cara.- ¡NO TE ESCONDAS! ¡LOS POLICÍAS TE ENCONTRAREMOS!.-Gritó y tras eso, se oyó cómo un coche de policía de alejaba por la solitaria calle.
Chasqueó su lengua.
- ¡MIERDA!.-Gritó y golpeó mi pared. Tan fuerte, que literalmente hizo un agujero en ella del tamaño de una bola de bolos.- ¡JODER! ¿POR QUÉ?.-Se agarró de los pelos y dió una patada a un tabique que tenía cerca. Se había olvidado completamente de que yo estaba ahí.
No sabía que hacer. ¡Por favor! ¡Ayúdenme! ¿Qué hago? ¿Le tranquilizo o..., le hecho?
- T-te llamas Ja-son, ¿ver-dad?.-Tartamudeé cómo pude. Era dificil saber que decir y cómo es esa situación.
Me miró y se dió cuenta de que yo estaba presente. Quitó sus manos de sus cabellos y se intentó tranquilizar cómo pudo. Al conseguirlo, me miró a los ojos. Suspiró.
- Me llamo Jason. Jason McCann...-Intentó sonreir, pero lo único que le salió fué una extraña mueca en la cara.
¿Jason McCann? Espera...¿el niño que se supone va a mi clase? y...,¿el que sale tanto en las noticias por meterse en tantos líos?
- Po-por favor.-Volví a tartamudear.- ¿puedes irte?
No quería que lo hiciese..., pero a la vez si que quería. Era muy raro, pero no podía permitir que pasase algo malo. Y no penséis mal. Me refiero a que no quería que vinieran mis padres o alguien así y vieran que tengo a un delincuente metido en mi habitación.
- ¿Qué? ¿Por qué?.-Me miró extrañado.
- Pues porque la policía te busca y no te conozco.
- Vale, me voy. Pero quiero una cosa.-Me miró feliz. Me daba miedo en serio.
- ¿El qué?
- Quiero que quedemos hoy a las doce de la noche.-Me miró triunfador.

No hay comentarios:

Publicar un comentario