¿Qué haces tú aquí?
Y en ese momento; morí. Morí al haberle admitido a alguien lo que había hecho. Puede que ya le hubiera contado a Alex que había pegado, acuchillado y asesinado a gilipollas de la calle. Pero esto me duele más que nada me ha dolido jamás. Todo mi mundo se me viene encima. Miles y millones de kilos de piedras sobre mí aplastándome, haciéndome sentir insignificante, estúpido y, sobre todo, la peor persona de este puto mundo. Ya sé que lo hice para salvarla. Para que no la mataran, pero de todos modos, si no me hubiera metido en los líos que me metí, nada de esto estaría pasando. Si hubiera sido un adolescente normal, que como mucho ha tenido tres peleas insignificantes de instituto, esto no estaría pasando. Y sé que esto es mi culpa. Todo lo que está pasando es por mi puta culpa. Y eso nunca en esta vida me lo perdonaré.
- ¿Qué qué? –preguntó Alex atónito.
Normal. Llevaba bastante tiempo diciéndole lo mucho que la amaba. Lo que la quería. Lo que sentía con ella que con nadie más lo había sentido jamás. ¿Y ahora le vengo con esto?
- Pues eso tío… –dije llorando. Todo esto me estaba superando.
- Pero, ¿por qué? ¿qué pasó? ¿pero…? ¿pe-ro…? –preguntó todavía sin creérselo- ¡No lo entiendo! –exclamó- Pero si tú la amabas… –le interrumpí.
- No. –Negué seguro. – La amo. Y más que a nadie en este puto mundo. –Estaba totalmente seguro de estas palabras, y nadie me haría cambiar de opinión.
- Pero… ¿entonces? ¿Por qué la secuestras? –Preguntó. – En serio Jason, siempre te he entendido. Pero ahora sí que no.
Le conté todo lo sucedido. Con pelos y señales. Absolutamente todo. Mí día tras día con ella, y aquella llamada. Aquella llamada que me jodió la vida totalmente. Y ahora esto. El secuestro me estaba matando.
- Oh Dios… –dijo en un tono preocupado. – Tranquilo. Clara y yo te vamos a ayudar. –Afirmó seguro.
- ¡¿Qué!? –Exclamé. - ¡No podéis venir! ¡Si lo hacéis, la matarán!
- Tranquilo Jason –musitó-, no vamos a ir al castillo y pelearnos con Dylan y Mark. –Suspiré aliviado. – Pero algo tendremos que hacer, ¿no?
- No. Nada. Yo puedo hacerlo, y lo pienso hacer. Tengo un plan perfecto. Nada puede salir mal. –Afirmé. – Bueno Alex, hablamos cuando todo esto acabe. Adiós Bro. –Colgué.
|Narra Nicol|
No me quiere. No me quiere. No me quiere. No me quiere. Todo era mentira. Todo era mentira. Todo era mentira. Todo era mentira…
El eco de aquellos pensamientos me estaba matando. El pensar que ya no era nada para él, que nunca fui nada, me está matando.
¿Y sí solo fue un engaño para secuestrarme? Seguro. Era lo único que quería. Estaba en una mafia, y le dijeron que lo hiciera. Me enamoró, y todo lo de más se hizo por sí solo. Le resultó tan fácil conseguir mi confianza, que debió de ser el plan más sencillo jamás hecho. El problema es que yo no lo veía así. No lo veía como un juego, y menos como un secuestro. Yo veía amor, y solo era un engaño. Una mentira despiadada que me destruye por dentro.
¿Enamorarse de una persona y que ella solo te haga daño porque no le importes nada de nada? Es la peor sensación de este mundo con diferencia. Sentirse sola y rechazada por una persona a la que amas y que se supone te amaba, es un asesinato en toda regla. Se puede decir que vale más morir, que seguir viviendo con este dolor.
“Nunca pensé en cómo iba a morir, pero morir en lugar de una persona a la que amas, me parece una buena forma de hacerlo.” ¿Le amo realmente? Sí. Lo que no entiendo es: ¿Cómo? ¿Cómo me pude enamorar de una persona a la que conocía de unos días? ¿Cómo?
“¿Qué cómo? –Me responde mi corazón.- Muy sencillo –prosiguió-, porque le miraste a los ojos y sentiste aquellas mariposas en el estómago. Porque con solo una mirada se ganó toda tu confianza aunque fuera un criminal. Porque que te besara fue la mejor sensación de este mundo. Porque su amor es tu sustento de vida. Porque le amas, y el amor no lo mide el tiempo, sino el alma. Es un destino, y el destino no se cambia, no se mide, no se acaba. Empieza cuando tiene que empezar, y un ‘para siempre’ se le queda corto. Así que, ¿cómo te pudiste enamorar de una persona a la que conocías de unos días? Viendo que era la persona a la que llevabas esperando toda tu vida.”
|Narrador|
Los días pasaban, y Jason perfeccionaba su plan. Hasta el más mínimo detalle lo había pensado al completo. Nada podía fallar. Y así, todo esto acabaría. Pero lo difícil no era el plan. Si no cómo conseguir que su amada le volviera a querer como antes después de todo lo sucedido. ¿Cómo iba a volverse a ganar su confianza? No lo sabía, pero lo haría. Aunque tuviera que atravesar campos, montañas, el cielo y el espacio; lo conseguiría.
Por otro lado, Nicol seguía encerrada en aquella pequeña celda. Cada día que pasaba su corazón se encogía más y más al darse cuenta de que esto no era una pesadilla. Que era la realidad y todo esto estaba pasando realmente.
|Narra Jason|
Llevo sin poder verla exactamente 8 días; y ya no puedo más. Hoy lo voy a conseguir. La voy a sacar de aquí y me la llevaré lejos. Lo más lejos posible para que nunca nos encuentren. Solo ella y yo en nuestro propio paraíso que nadie nos va a poder arrebatar.
Meto la pistola entre el pantalón y mi cintura, ya con el seguro puesto. Coloco bien el pasa-montañas negro, la sudadera de lana también negra y sacudo mis pantalones del mismo color. Tengo miedo de su reacción, pero ya no puedo más. Lo voy a hacer.
Salgo con mucho sigilo del cuarto, ya no tengo nada mío ahí. Ya que ya dejé todas mis cosas y las de Nicol en el coche que aparqué en la puerta trasera. Camino por los pasillos de ese enorme castillo y bajo al sótano donde se encuentran las celdas. Sé que mi corazón se va romper cuando la vea encerrada de nuevo, pero eso ahora da igual. Por suerte Mark –que era el que estaba haciendo la guardia en frente de la celda, estaba dormido. Sabía que se dormiría. ¿Quién resiste toda la noche despierto cuando ‘sin querer’ alguien le echó Somníferos en la leche? Nadie-. Cogí la llave de la mazmorra y la abrí con cuidado. Aunque no creo que ese se despierte en un día entero, no voy a tentar a la suerte. La abro y por fin de digno a mirarla. Tan bonita como siempre. Está dormida, y por mucho que me apene despertarla, lo tengo que hacer. Solo espero que no se ponga a gritar.
- Nicol… –susurro.- Nicol, cariño, despierta –la zarandeo un poco por los hombros hasta que, con dificultad, abre sus ojos lentamente.
- ¿Qué haces tú aquí? –Susurra fría mientras que está a punto de llorar.
Y eso me destruye. Completamente me hace sentir la persona más miserable de este mundo. Pero ahora no estoy para lamentaciones. Tengo que ser fuerte, y afrontar la verdad
- Ven. –La levanto y la cojo en cuello. – Nos vamos.
- ¿Cómo que nos vamos? –dice atónita con un tono de voz demasiado fuerte.
- Sssh. –Susurró. – No nos pueden oír. Por favor, no hables.
Ella asintió y no dijo palabra. Salimos de allí y llegamos al coche. La deje en el asiento de atrás, tumbada. Me puse en el asiento del piloto y arranqué lo más rápido posible. Aunque no creo que ni Dylan ni Mark nos oyeran. Ya que las pastillas que les di era fuertes. Conduje sin dirigirla palabra alguna. Sé que si lo hago lo único que conseguiría sería o tener un accidente de coche, o conseguir que nos pillaran por parar a hablar con ella. Y no, lo mejor sería hablar cuando hayamos llegado a nuestra nueva casa.
Al rato llegamos al aeropuerto de Londres. Pensaréis que me van a detener, pero no. Alex ya se ocupó de eso. Tiene los suficientes contactos. Al llegar, Nicol me miró extrañada.
- ¿Por qué narices estamos en el aeropuerto?
- Porque nos vamos lejos, muy lejos. –Respondí seguro. A ella se le abrieron los ojos como platos.
- Pe-ero yo p-en-sab-a qu-é –tartamudeó.
- Nada, no pienses en ello. – Afirmé.- Hablaremos de todo cuando lleguemos.
- ¿Cuándo lleguemos a donde?
No hay comentarios:
Publicar un comentario