Capítulo 11.~ ¿No es precioso?
Se separó un poco mientras que notaba que los ojos se me empañaban. Empecé a ver borroso, pero no. No lloraría. Le miré a los ojos y su mirada estaba clavada en mí. Una mirada triste y llena de culpabilidad sería la mejor descripción. Aparté la cara rápidamente. No, no podía mirarle sin que el mundo se me viniera abajo. Necesitaba pensar, y creo que ellos me leyeron la mente. Se ‘despidieron’ y salieron por una puerta de madera con cerraduras de metal.
¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho para merecerme esto? “La confianza es fruto de mucho tiempo y dedicación, pero sin embargo, en un solo instante ‘crack’ se puede romper como un cristal, en millones de pedazos. Y volver a tenerla, es como ganar la lotería, casi imposible.” Esa frase aparece de repente en mis pensamientos. Confié en él. Solo había pasado una semana y ya tenía toda mi confianza puesta en él –una lágrima recorrió mi mejilla perdiéndose en mi barbilla y cayendo frágilmente al suelo- es la única persona en la que he confiado en toda mi vida. Nadie se la había ganado, excepto él. Pero parece que eso le importó bien poco.
Tengo tal vacío en mi interior, que hasta me duele. Choco contra la pared de esa maltrecha celda y resbalo por ella hasta sentarme en el suelo.
¿Por qué habrá hecho esto? ¿Ya no me quiere? Son las dos peguntas que más me están atormentando ahora, y daría lo que fuera por saber la respuesta. Alguna lágrima baja por mi mejilla y me la seco rápidamente.
No sé que hora es, pero intento dormir. Estoy cansadísima, y aún así, no creo que pegue ojo en toda la noche, mañana o tarde. Sea el momento de día que sea…
· Siete horas después…
Alguien pronuncia mi nombre y eso me exálta inevitablemente. Abro dificultosamente mis ojos, aunque no haya dormido nada. Miro hacia un lado y me encuentro con que uno de los otros dos tíos está frente a la verja.
- La comida –dijo abriendo esa pequeña puertecilla.
Le miré fulminante, y volví a sentarme en el suelo apoyando la espalda en la pared.
- ¿Qué? –musitó- ¿tiene que venir tu McCann para que seas feliz? –rió cínico.
- No –le fulminé con la mirada.
Bajé la cabeza intentando deshacerme de todo esto. Intentando creerme que esto era una pesadilla, aunque lamentablemente, me da que no lo es. Por favor, tierra trágame.
Todavía recuerdo ese día que Jason dejó grabado en mi corazón…
· Flashback.
- ¡Ven! ¡No tengas miedo! –dijo sonriendo cariñosamente mientras que agarraba mi mano y me pasaba a esa plataforma de metal.
- P-er-o –tartamudeé- ¿para qué? –reí divertida.
- Tú ven, y no hables –sonrió de nuevo y pasó su brazo por mi espalda para caminar abrazados.
Estábamos en el Big Ben, pero dentro del mecanismo del reloj. Era extraño…, de pequeña siempre quería saber cómo funcionaba, y de repente él, me trae aquí. ¿Me leerá la mente? Eso parece…
- ¿No es precioso? –preguntó tierno mientras que miraba al frente.
Me había perdido en sus ojos color miel, y no sabía de que me estaba hablando…esa mirada, ese brillo, esos destellos de color verde que de vez en cuando se le ven por culpa de la luz…
- ¿Eh? ¿Estás cielo? –preguntó mientras que agarraba mi cara entre sus manos y me miraba a los ojos.
- Claro –respondí con una sonrisa en la cara
Esfumé todos los pensamientos de mi cabeza; para vivir el presente. Mi presente con él: el mejor de todos.
Sonrió de nuevo y dirigió la vista al frente, haciendo que yo también lo hiciera.
- Oh Dios mío…-exclamé en un susurro.
- Sabía que te gustaría –afirmó con su mirada al frente, sin quitar esa hermosa sonrisa de la cara, dejando a la vista una franja de los dientes.
Simplemente asentí. Miles, ¡¿qué digo!? ¡millones de aparatos se movían delante nuestra! Derecha, izquierda, arriba, abajo.
Agarró con cierta fuerza mi mano y hizo que subiéramos unas escaleras hasta la zona más alta del monumento. Y llegamos…si dije que lo de antes había sido alucinante, esto directamente no tenía palabra alguna para definirlo. ¿Hermoso? No. ¿Increíble? Se queda corto. ¿Extremadamente precioso? Ni se acerca. ¿Perfectamente perfecto? Eso es algo más acertado, pero de todos modos, era muchísimo mejor.
Me sentía libre. Todo Londres delante nuestro. Nevado completamente y de noche. Miles de luces en las calles, niños pequeños de la mano de sus madres, enamorados en el parque…
Nos sentamos en el borde, con la precaución de no caernos al abismo de la noche.
Tras unos minutos mirando el paisaje sin mediar palabra, él habló.
- Nicol –susurró, me miró, le miré y ambos sonreímos- ¿alguna vez sentiste esas mariposas en el estómago? –preguntó, yo asentí- Pues eso ni se acerca a lo que siento cuando estoy contigo…, siento que aunque el mundo se acabara, sería feliz. Siento que nada me puede faltar. Siento que mi felicidad se basa en la tuya. Siento que la vida no tendría sentido si tú no estás –hizo una pausa, tragó saliva y prosiguió- La Real Academia define la palabra ‘amor’ cómo “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.” Para mí su definición, antes, era “Amor, otra estupidez creada para que las empresas y los vendedores ganaran más dinero y poder reírse de los creyentes de él, por confiar en tal mentira y gilipollez, como son los sentimientos.” Pero gracias a ti, ninguna de esas dos definiciones me valen ya. Pero sí que he descubierto lo que es el amor. Amor es lo que yo siento aquí –puso su mano encima de su corazón- cuando tú me miras. Cuando tú sonríes. Cuando tú, entraste en mi vida –se levantó, haciendo que yo también lo hiciera. Agarró mis manos y me miró a los ojos- Te amo.
Sonreí mientras una lágrima recorría mi mejilla. Le abracé. Muy fuerte, sintiéndole al completo. Nos abrazamos con intensidad y entonces, me besó la frente. Me sentía bien con él. Muy bien.
· Fin del Flashback.
Ese hombre ya se había ido, pero yo no sabía que hacer. Necesitaba que esto acabara ya. Y volver a ser feliz.
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