martes, 8 de noviembre de 2011

Capítulo 10.

Me quedé de hielo. Parado. No sabía que hacer. La sangre empezó a subir a mi cabeza. Me estaba cabreando y todavía no sabía si había oído bien.
- ¿Que qué? - exclamé atónito, rezando para que no me hubiera dicho lo que yo creo que me ha dicho.
- Pues eso, McCann, que tienes que secuestrar a tu preciosa Nicol - rió cínico.
Eso sí que no me lo esperaba. ¿Cómo que tenía que secuestrarla? ¿Pero de que iba este gilipollas...?
- Pero tranquilo, eh - volvió a reir. Juro que si lo tuviese delante, le escupiría y luego le daría una paliza -, que no lo vas a hacer todo. Más gente de esta mafia va a estar supervisando tu trabajo, día y noche. Justamente Mark y Dilan.
Ahora la sangre ya hervía en mi cabeza. Iba a reventar de un instante a otro. Lo que daría por estar ahora mismo matándoles con mis propias manos.
- Ay, McCann McCann... - prosiguió -, ¿cómo crees que se sentirá tu amada Nicol cuando vea que su principe la secuestra? - dijo gracioso - Bueno - intentó recuperarse de su inminente ataque de risa -, pasate en media hora por el número 23 de Harley Street. Allí te daremos más información - volvió a reir, y colgó.
No sabía que hacer. No sabía que decir. Estaba anonadado. Depié, intentando asimilar lo que me acababa de decir ese subnormal de la mafia.
Entonces, no pude más. Toda la furia que me había guardado este minuto, la solté de golpe. Todo lo que veía, lo destruía. Así, hasta que perdí la cuenta de lo que había destrozado, mutilado.
Me tiré de golpe al sofá, observando mis nudillos, topando con que el pegar puñetazos y patadas a todo lo que te encuentras, si deja secuelas. Estaban llenos de sangre. Pero ahora eso, no importaba.
¿Qué tenía que secuestrarla? ¿Por qué? ¿Por qué a ella? ¿Me obligarían a pegarla? ¿La pegarían ellos? ¿la harían daño? ¿Qué pensará Nicol cuando sepa que el que la ha secuestrado soy yo? ¿Eh? ¡¿Qué dirá?! ¡¿Por qué ella?!
Miles de preguntas desesperantes vagabundeaban por mi mente, haciendo que mi agovio subiera y subiera.
Quería escaparme con ella. Besarla y protegerla. Irnos lejos. Muy lejos de aquí, sin dejar ni rastro. Solo ella y yo. Pero parece ser que ahora la manera de protegerla, no era la más adecuada para sus sentimientos, ni para los míos.
Miro el reloj. Faltan quince minutos para tener que estar donde me han mandado. En el baño me lavo un poco las manos, quitando la sangre ,que ya seca, se había pegado a mi mano.
Me pongo la chaqueta y, aún con la cabeza llena de pensamientos y culpabilidad, salgo de mi apartamento a paso lijero hacia la dirección.
Algo húmedo recorre mi rostro. Desde mi ojo, hasta la comisura de mi labios. Una lágrima. ¿Estoy llorando? Hacía muchísimo que no lloraba. Con tan solo deciros que ni lo recuerdo, os haréis una idea.
Llego. Una puerta metálica algo oxidada se encuentra frente a mí. Suspiro furioso y aporreo la puerta con mi mano izquierda. Solo hacen falta cinco escasos segundos para que un corpulento hombre de color, me ceda el paso. Miro a mi alrededor. Se puede decir que estoy completamente rodeado de hombres grandes y con los brazos cruzados. Dirjo mi mirada un poco más allá. Una mesa blanca, se encuentra al final de toda la marabunta de matones. Ellos me hacen un pasillo, indicandome que pase.
- ¡Anda! ¡Pero si es el famoso Jason McCann! - dice un hombre con traje. Tambien algo regordete pero no tanto cómo los anteriores. Este se levanta a mi encuentro y me dá varias palmadas en el cachete.
Sé quién es. Una descarga eléctrica imbade mi cuerpo. Si por mí fuera, ahora mismo este señor ya estaría en el suelo, sin huevos.
Se vuelve a sentar en la silla de piel color negro. Enciende un puro y mientras le hecha un calada, se recuesta hacia atrás.
- Toma asiento, McCann - dice expulsando todo el humo de golpe.
Le miro fulminante. Intentando así, reprimir un poco las ganas que tengo de pegarle un tiro. Pero nada. No funciona.
Me siento en la silla que hay delante de él, y este me mira triunfador. Divertido.
- Bueno McCann, creo que no quieres que ande con rodeos, así que voy al grano - dió otra calada a su puro. La expulsó y coguió aire -. Lo que tienes que hacer es muy sencillo. Nuestra mafia, tiene un castillo medieval a las afueras de la ciudad. Raptarás a la muchacha y, junto con Dilan y Mark, iras allí. Eso sí..., puedes quedarte, que ella te vea y tenga un gran dolor sentimental o..., puedes irte y dejarnos a la persona a la que amas en nuestras manos, ¿qué prefieres? - rió.
¿Qué puedo hacer? Tendré que soportar su odio..., no la puedo dejar sola. No. No puedo.
- Me quedo - dije serio.

| Narra Nicol |

Cuelgo el teléfono y me tiro al sofá. Aveces hablar con tus padres es agotador. Todavía no han vuelto. ¡Y lo que falta para que lo hagan...! Muchas veces me desesperan.
Cierro los ojos e intento relajarme. Últimamente soy feliz. Total y absolutamente feliz. Junto a él. Junto a Jason. Espero que nada venga ahora, y lo fastidie todo. No, por favor. No.
Un ruido me despierta de mis pensamientos. Un golpe. Viene de fuera así que abro la puerta y salgo de la casa para ver que pasa. Entonces, alguien me pone un pañuelo en la boca y empiezo a ver borroso. Las piernas me empiezan a fallar y..., negro.

[...]

Un fuerte sonido metálico me sobresalta. Abro los ojos con dificultad y me los sobo. Miro a mi alrededor. ¡¿Dónde estoy?! Me levanto con dificultad y empiezo a golpear las rejas que rodean esta habitación. Entonces me acuerdo. Me han secuestrado. Pero...¿por qué? Espera...¿y Jason? ¡Oh, Dios! ¡Jason!
Veo tres sombras acercarse y me hago un poco hacia atrás. Una se me hace familiar. Centro un poco más la vista y veo que es...es...¡es Jason! Pero, ¡¿qué hace él aquí?!
- Saluda a tus secuestradores, ¿no? - dice uno de los otros dos mientras Jason mira hacia abajo. Y yo...bueno, yo estoy intentando no llorar, pero creo que va a ser imposible.
Un lágrima recorrió mi mejilla.
- ¿Qué...qu-é...qu-eré-is? - tartamudeé cómo pude. Eso sí, con las vista clavada en Jason.
Los dos soltaron un carcajada. Pero él, permanecía quieto.
- Eso no es de tu incunvencia, preciosa - sonrió.
Le fulminé con la mirada.
- ¿Qué, McCann, no la vas a saludar? - musitó divertido uno de los otros.
Y mi corazón se resquebrajó tan rápidamente que solté un grito ahogado. Por suerte ellos no se dieron cuenta, pero la verdad es que en esos momentos solo quería morirme.
- Ho-la - masculló tartamudeando.
Entonces, por primera vez en esta asquerosa situación, me miró a los ojos. Mi mirada era decepcionada y rápidamente la aparté. Al segundo lo volví a mirar y él me miraba triste, mientras que una lágrima recorría su mejilla. Y entonces, sí que mi corazón se rompió. Hasta podría jurar que oí un pequeño 'crash'.
- Un mirada dice más que mil palabras - exclamó medio riendose uno de los otros, copiandome el pensamiento.
- McCann - le llamó el otro - dáselo.
¿Dáselo? ¿Qué me diera el qué?
Jason retrocedió unos pasos y cojió algo que estaba en una esquina y se acercó a mí. Mi corazón empezó a acelerarse a cada paso que él daba. Entonces dejó una bandeja con algo de comida enfrente de las rejas, con una llave abrió una pequeña puerta y pasó la bandeja dejándola en frente de mí. Yo me acerqué un poco y él alargó la mano acariciandome suavemente la mejilla. Puede que en estos momentos le odiara. Pero tenía tantas sensaciones y preguntas en mi cabeza que no sabía ya que pensar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario